Pakistán surfea su enésima crisis

Foto: Nahia Sanzo

Situado en una región geopolíticamente comprometida entre su aliada China, su oponente India y la incertidumbre del Afganistán talibán, Pakistán intenta navegar en su enésima crisis. A las dificultades políticas resultantes del enfrentamiento entre los dos partidos dinásticos, el PPP de la familia Bhutto y el PML-N de la familia Sharif, con el tercer partido, el PTI del ahora derrocado Imran Jan, se han unido las consecuencias de una doble crisis económica. Sin el acceso preferente a los créditos del Fondo Monetario Internacional del que disponen países actualmente más importantes para Estados Unidos y sus aliados, el fuerte aumento de los precios de la energía ha golpeado especialmente a Islamabad, que se ha visto obligado a buscar soluciones alternativas.

Frente a India, país con el que tanto la Unión Soviética como la Rusia actual han mantenido relaciones económicas estables a lo largo de las últimas décadas, la primera adquisición de petróleo ruso por parte de Pakistán el pasado junio ha merecido titulares en la prensa mundial. Presentado como una “compra de prueba”, las declaraciones de las actuales autoridades paquistaníes apuntan a la intención de continuar con la compra de petróleo ruso hasta completar alrededor de un tercio de las importaciones de crudo del país, quinto a nivel mundial en términos de población. Cualquier nuevo cliente del sancionado petróleo ruso es relevante, pero lo es más si se trata de países firmemente instalados en el bloque occidental y clientes históricos del petróleo saudí. La diversificación en el sector energético refleja también la necesidad de mantener relaciones económicas y políticas más allá de las alianzas tradicionales.

El tímido acercamiento a Rusia, oportunista y marcado por las circunstancias desesperadas de las dificultades económicas, no es completamente nuevo. En los últimos años se han producido, por ejemplo, maniobras militares conjuntas entre estos dos adversarios de la Guerra Fría. Pese a la publicidad negativa que dio para el país la imagen del entonces aún primer ministro Imran Jan reunido con Vladimir Putin el 24 de febrero de 2022, ese viaje no fue utilizado por la oposición contra la exestrella del críquet en los meses previos a la moción de censura que finalmente acabó con su mandato, prueba de que todos los partidos son conscientes de que la relación con Rusia puede suponer un salvavidas para el Estado.

Pakistán “no tiene tiempo para políticas de bloques”, ha afirmado el ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán Bilawal Bhutto-Zardari, hijo de la primera ministra asesinada Benazir Bhutto y nieto de Zulfikar Ali Bhutto, depuesto y ejecutado por el dictador Zia-ul-Haq, que se hizo fuerte a base de posicionar al país al servicio de la guerra de Estados Unidos contra Moscú en Afganistán. En este mundo que nuevamente tiende a la política de bloques, incluso aquellos que con más firmeza se adhirieran a uno de ellos durante la primera Guerra Fría pueden, ya sea por elección propia o por no disponer de otra opción, rechazar posicionarse en la actual.

Nahia Sanzo

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