Mentiras, manipulaciones y versiones de destrucción masiva.

Imagen: wikipedia

El 6 de septiembre, un proyectil que impactó contra el mercado de Konstantinovka, una ciudad de la región de Donetsk bajo control ucraniano, causó la muerte de una quincena de civiles e hirió a docenas más. “Los terroristas rusos han atacado un mercado corriente, tiendas y una farmacia, han asesinado a personas inocentes”, escribió apenas dos horas después Volodymyr Zelensky. Como ha sido habitual a lo largo de esta guerra, las acusaciones cruzadas sobre la autoría del ataque habían comenzado ya. Sin dudarlo, la prensa occidental en bloque dio por hecho el ataque ruso, quizá incluso deliberado. El desconocimiento del conflicto ucraniano más allá de sus aspectos más superficiales y la generalización de la idea de que cualquier comunicación de Kiev ha de ser publicada como hecho mientras que cada palabra de Moscú debe ser entendida como una alegación, propaganda o incluso teoría de la conspiración han hecho de la información de este conflicto un relato unilateral en el que se ha presentado únicamente la versión ucraniana.

Muchos han sido los episodios en los que las partes se han acusado mutuamente de ataques que nunca han quedado completamente resueltos. El impacto de un Tochka-U, arma utilizada fundamentalmente por Ucrania, el bombardeo del teatro de Mariupol, el ataque contra la prisión de Elenovka, bajo control ruso, o el reciente ataque en Konstantinovka son algunos de esos episodios. En cada uno de ellos, a los que hay que añadir también el sabotaje de septiembre de 2022 en los gasoductos Nord Stream, la prensa ha seguido siempre la línea de Ucrania acusando a Rusia a pesar a existir, en algunos de esos casos, dudas más que razonables sobre la autoría. El caso de los gasoductos del mar Báltico es paradigmático: han tenido que pasar meses de silencio para que la prensa comience a publicar información que, cada vez con más certeza, implica a Ucrania en el sabotaje.

Con una rapidez inusitada, un medio occidental, The New York Times, ha dado esta semana la razón a quienes desde el mismo día del ataque argumentaron que la evidencia indicaba un disparo desde el posiciones ucranianas, no desde posiciones rusas. Los disparos salientes registrados en una localidad ucraniana cercana, la geolocalización de las imágenes y la revisión de los fragmentos de metralla han convencido a periodistas y expertos del medio estadounidense. Aun así, la culpa siempre es de Moscú por haber comenzado la guerra, algo que también es matizable.

La creciente aceptación general de la realidad de una guerra proxy común contra Rusia hace de las mentiras o manipulaciones ucranianas daños colaterales que hay que justificar en aras del objetivo general de derrotar a Moscú. Pese a los casos en los que se han comprobado las falsedades ucranianas, la credibilidad de Kiev no correrá peligro mientras los objetivos estratégicos de Ucrania sigan coincidiendo con los de sus principales patrocinadores, fundamentalmente Washington, Londres y Bruselas.

Nahia Sanzo Ruiz de Azua

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