Luna-25, envidando el fracaso de una industria aeroespacial

 

Imagen: Luna-25. Fuente: Wikipedia

Cuando el pasado domingo 20 de Agosto se confirmó que la sonda rusa Luna-25 se había estrellado contra la superficie lunar, algo que muchos se temían tras perderse el contacto con la misma el sábado, todos los medios occidentales comenzaron a dar la noticia y encabezarla con la misma palabra: fracaso. Si eso ocurría en los medios “tradicionales”, en las redes sociales no iba a ser menos, y a la palabra fracaso se unían toda clase de burlas y la aparición de los primeros memes fue cuestión de pocos minutos.

Uno puede pensar que es algo lógico y hasta normalizado dentro de nuestra sociedad, y hablo de nuestra refiriéndome concretamente a la española, pues siempre hemos hecho gala y uso del humor para todas las situaciones y ésta no iba a ser menos, pero no hay que olvidar ni obviar el contexto en el que se ha producido el fracaso de la misión lunar rusa. Un contexto de guerra, indirecto porque no hay tropas españolas sobre el terreno, pero si abierto con la imposición de sanciones y el envío de equipamiento militar y soporte a Ucrania tras la invasión rusa, por no hablar ya de la guerra informativa y de la imposición de un relato único. Esto hace que dicho humor, que por otra parte es transversal a todas nuestras regiones, pero sobre todo la burla, tenga una carga no tan usual por estos lares, y esa carga es la saña con la que se ha empleado sobre todo por personas de las que se puede decir con total libertad y seguridad que no tenían ni la menor idea de lo que estaban hablando, pero lo que es aún peor, es que a esa ola se han sumado unos cuantos que sí sabían de la complejidad y riesgos de una misión así.

El por qué lo han hecho es una cuestión que deberán responder solo ellos y buenos ejemplos de la diferencia de tratamiento con la misión rusa los encontramos en las pasadas misiones lunares que también fracasaron por parte de otros estados como Japón (sonda Hakuto), Israel e India (sondas Beresheet y Vikram, ambas en 2019 aunque la actual Chandrayaan-3 ha sido felizmente exitosa), pues con dichas misiones no se emplearon los mismos términos y precisamente se enfatizó lo difícil de lo que se pretendía conseguir. Un punto intermedio serían las misiones lunares chinas, que hasta hace pocos días habían sido las únicas en llegar a nuestro satélite en los últimos años, pero siempre fueron vistas con recelo desde esta parte del mundo y el ya tradicional secretismo chino hay que reconocer que tampoco ayudó a mejorar su “marketing”.

Entrando en la misión Luna-25 y sin considerarme un experto en el tema pero sí alguien con unos conocimientos de aficionado algo más avanzados, veía las noticias que iban llegando de la misma y las esperanzas, a pesar de las imágenes retransmitidas por la sonda, iban decreciendo y una vez confirmado el fracaso del alunizaje y superada la decepción inicial, puedo y debo decir que el sentimiento que cada vez ganaba más peso era la envidia.

Envidia porque sí, no han conseguido sus objetivos y quizás de la forma más cruel, cuando ya estaban casi a las puertas de lograrlos, pero el camino que han realizado no es por ello menos impresionante y más aún cuando se compara con el programa espacial español, con los cohetes Miura. Sí, ellos han fracasado en el alunizaje pero nuestros cohetes todavía no han podido despegar, llevan ya un par de intentos, y que a pesar de ser un proyecto a bastante menor escala que el de los cohetes rusos sirve perfectamente para medir la complejidad técnica a la que el ser humano se enfrenta en estos temas.

Propongo esta comparativa precisamente queriendo dejar claro que no la desarrollo desde un punto de vista despectivo, más bien al contrario, la hago desde la honestidad, la misma que veo constantemente omitida en las críticas de muchos al programa espacial ruso, ya que tengo por costumbre comparar los proyectos, logros y fracasos ajenos con los propios del estado en el que vivo y no tanto con terceros. De hecho buena parte de las burlas y menosprecios a esta misión rusa desde aquí han sido comparándola con las misiones lunares de EEUU, y cómo las suyas fueron exitosas décadas atrás con una tecnología muchísimo más atrasada que la actual, lo que ha dado pie a infinidad de memes con “lavadoras espaciales” y otros electrodomésticos, precisamente por la cantidad de imágenes de soldados rusos portando los mismos en Ucrania, supuestamente para suplir la falta de chips y componentes electrónicos más avanzados que los rusos.

Y si para reírnos de los males ajenos tenemos que hablar de los logros de otros y no de los propios, más allá del mal gusto de una acción así, lo que revelamos es que tenemos un serio problema con nuestra propia inteligencia y capacidad cognitiva, por decirlo de manera sutil y no malsonante.

Lo cierto es que todo esto tampoco es nuevo, casi podríamos hablar de que es una tradición ya que siempre que hablamos de los rusos y sus capacidades desde occidente, lo hacemos obviando las partes que nos rompen el discurso o “relato”, y no se dice que mientras los EEUU realizaban sus misiones lunares la URSS (la predecesora en el espacio de la Rusia actual) ya estaba trabajando en sus programas Venera y Mars, siendo la primera en alcanzar con sus sondas Venus y Marte, como ya fue la primera en alcanzar nuestra luna antes que EEUU, fotografiando además su cara oculta, y no hablemos ya de que la primera estación espacial en nuestra órbita terrestre también es obra suya, o lo que es aún más importante, que el primer satélite artificial, el primer ser vivo, hombre y primera mujer en el espacio, y que el primer “paseo espacial”, también son hitos suyos y sólo su desaparición, la de la URSS, truncó proyectos como el de la lanzadera Buran, que la habrían seguido manteniendo a la cabeza de la exploración espacial.

Si nos ponemos a la tarea de buscar y analizar las razones para el fracaso de la misión actual precisamente está en el vivir de los éxitos pasados de la URSS. En seguir pretendiendo explotar sus logros técnicos, todavía a día de hoy. Ello puede darnos una de las respuestas, y es que los tiempos cambian, las tecnologías y metodologías también y lo que servía hace tres décadas puede que ya no lo haga tanto y sobre todo, Rusia ya no es la URSS. Esto en parte habla muy bien de la tecnología espacial soviética y de cómo estaba de adelantada a su tiempo para poder llegar hasta nuestros días, pero como ya he dicho Rusia no es la URSS y no tiene su músculo tecnológico y económico para lanzarse a sus mismas aventuras. Es cierto que siguen siendo punteros en algunos campos, mal que le pese o sorprenda a muchos, pero ya no está al nivel de lo que fue la URSS respecto a sus coetáneos en el tiempo.

¿Pecaron entonces de un exceso de confianza en sus posibilidades? Seguramente sí, ahora a toro pasado es fácil pensar que habría sido más lógico realizar primero la misión Luna-26 (colocar un orbitador en la Luna para mejorar precisamente las comunicaciones) antes que Luna-25. ¿Es eso motivo para infravalorar sus capacidades? En absoluto, sólo hay que saber analizarlas en su contexto actual, contar con el trasfondo que supuso la década perdida de los años 90 a todos los niveles y al hacerlo, alejarse de los prejuicios, nacionalismos y marketing tanto de sus rivales como de ellos mismos.

Esto que puede parecer de puro sentido común (aunque últimamente parezca el menos común de los sentidos), también podemos aplicarlo a las cosas que también vuelan pero dentro de nuestra atmósfera. Si hablamos de su industria aeronáutica y sus dos más recientes desarrollos en curso encontramos ejemplos casi calcados a lo ocurrido con el tratamiento dado a la misión Luna-25, y sí, hablo de los Sujoi Su-57 y 75.

Del primero se ha escrito ya casi de todo, casi siempre para defenestrarlo y ponerlo por debajo de sus contrapartes estadounidenses como el F-35 y el F-22 Raptor e incluso del chino J-20 y de hecho se le suele negar su condición de “caza de 5ª generación” cuando si precisamente usamos los elementos más extendidos que definen a los mismos como son la furtividad, la fusión de sensores y la capacidad de mantener velocidades supersónicas sin usar la postcombustión (súper crucero), el que precisamente se cae de la lista es el F-35, ya que carece de dicha capacidad para mantener velocidades supersónicas sostenidas.

Efectivamente el Su-57 tiene aspectos en los que seguramente es inferior, como el de la ahora tan de moda furtividad, pero tampoco se debe olvidar que está desarrollado bajo otra mentalidad, con otros conceptos y necesidades en mente y que ha nacido de una industria en pleno proceso de reconstrucción y no de una asentada y con un flujo económico constante cuando no en crecimiento por todos los conflictos acontecidos en las últimas décadas, con todas las experiencias que eso además acarrea. Es un programa que ha tenido, tiene y tendrá que sortear muchos problemas todavía y por ello, además de por su diferente concepción, en él se ha tenido que buscar un equilibrio en sus capacidades más allá de las limitaciones técnicas, que haberlas haylas, pero también se ha tenido la necesidad desde occidente de acrecentarlas públicamente obviando el esfuerzo y empeños puestos en él. No olvidemos que más allá de las necesidades militares, también las hay tecnológicas e industriales y este es un “tren” que los rusos no se pueden permitir perder a esos niveles Pero volviendo al plano militar tampoco debemos olvidar que es el único avión de combate de la llamada 5ª generación que ya ha sido probado en escenarios complejos y de alta intensidad, y que ha conseguido derribar a otros aviones de combate (reconocido hasta por la propia inteligencia británica) y no meros globos de observación.

En el caso del Su-75 no se le niega su condición de avión de combate de 5ª generación, directamente se le niega su condición de avión de combate y se le reduce a poco más que maquetas estáticas y PowerPoints, y es cierto que todavía es un programa incipiente, pero si para Rusia el del Su-57 es un proyecto de importancia capital, éste puede colocarse casi a la par por las implicaciones que puede alcanzar en las relaciones con sus tradicionales pero también nuevos socios comerciales. No olvidemos que es un programa nacido del acuerdo con Emiratos Árabes Unidos en Febrero de 2017 para el desarrollo de un avión de combate de nueva generación y éstos han sido los principales financiadores del mismo, no es un proyecto estrictamente ruso, aunque se partió de los desarrollos previos del buró de MiG y que luego fueron traspasados al de Sujoi.

No obstante ambos programas, tanto el del Su-57 como el del 75, merecen un análisis más profundo para poder ser conscientes de sus implicaciones por lo que no es descartable que vuelva a ellos en otros artículos en el futuro, pero más allá de eso, como dije anteriormente las analogías con el tratamiento dado a ellos desde esta parte del mundo es el mismo que el otorgado a la misión lunar rusa y si repito el mismo análisis o comparación que he hecho con nuestros cohetes Miura, ¿qué tenemos comparable a esos programas no ya en nuestro estado, si no en la UE? La primera respuesta es nada. A nivel estatal no tenemos absolutamente nada comparable porque nuestra industria aeronáutica nunca ha llegado a los niveles de la actual rusa o la anterior soviética y sí, hemos hecho adaptaciones en otra época para quitarse el sombrero y dentro de la aviación de transporte ligera y media hemos creado productos de primer nivel, como en algunas áreas concretas actualmente, como son los materiales compuestos o ciertos componentes electrónicos, pero por nosotros mismos no tenemos nada comparable a los máximos desarrollos rusos. Es cierto que también hay que analizarlo desde el punto de vista de que estamos dentro de la UE y que con otros estados miembros hemos colaborado en el desarrollo de productos punteros como son el transporte A400 o el cazabombardero Typhoon, pero son eso, programas internacionales porque en solitario no podíamos afrontarlos nosotros ni nuestros socios y los rusos han sido y son programas 100% propios (con la excepción parcial antes comentada del Su-75).

Es más, si comentaba antes que un error ruso habría sido el realizar ahora la misión Luna-25 antes que la 26, en Europa podemos estar cometiendo el mismo error con nuestro futuro programa FCAS (y posiblemente también con el Tempest encabezado por los británicos), ya que nos hemos involucrado en el desarrollo de un avión de combate de 6ª generación y todos sus multiplicadores cuando no hemos pasado por el desarrollo de un 5ª y es más, nuestros aviones de combate de 4ª generación habían acumulado tantos retrasos en sus programas (tanto el Eurofighter Typhoon como el Rafale francés, no tanto el Gripen sueco) que su entrada en servicio a casi coincidido en el tiempo con el primer 5ª, el estadounidense F-22 Raptor.

Algunos dirán que no son situaciones comparables, que nuestra industria (y no hablemos de la estadounidense que directamente juega en otra liga) sigue siendo en términos generales superior, que de hecho han tenido que adquirirnos productos para poder realizar sus programas y que no está tan corrompida como la rusa, que sí, que es cierto que lo está, pero seamos humildes y sobre todo honestos con nosotros mismos, aprendamos a valorar, repetir y superar sus aciertos y a no cometer sus errores en el reto que les está suponiendo volver a poner en marcha a todo un país al nivel tecnológico que requiere la industria aeroespacial tras una década perdida. Y sí, sepamos poner coto y eliminar corruptelas porque a este lado del mundo también las hay, independientemente de la escala, y las hay porque son propias del sistema por el que nos regimos.

Seguir mirándonos el ombligo y vanagloriarnos ya nos trajo sorpresas desagradables cuando los antiguos bloques se enfrentaron en los cielos y en el espacio exterior, aunque fuese de forma indirecta. Sólo hay que estudiar los contextos y cruzar los datos de unos y otros en conflictos pasados como los de Corea o Vietnam o analizar los hitos de la llamada carrera espacial para darse cuenta de que los relatos que nosotros mismos nos hemos impuesto no son reales, porque sí, vuelvo a repetir que Rusia no es la URSS a nivel técnico como tampoco lo es a nivel económico, social o incluso demográfico, pero sigue teniendo algo que va más allá de su herencia soviética y de sus propios problemas, tiene voluntad, y la autocomplacencia por nuestra parte, cuando no mentir palmariamente como se hace en el conflicto ucraniano sobre las capacidades de unos y de otros, no nos va a permitir competir realmente con ellos ni a superarnos a nosotros mismos.

También he de decir que en dicho conflicto muchos propagandistas disfrazados de informadores también niegan constantemente a los rusos la capacidad de tener su propia curva de aprendizaje y es algo en lo que tampoco debemos caer, y aquí, aun siendo polémico, puedo decir rotundamente que lo hacen más por motivaciones ideológicas o incluso raciales (hay más formas de racismo que la basada en el color de la piel) que por motivaciones estrictamente técnicas.

Para acabar y volviendo a salir de nuestra atmósfera sólo quiero añadir algo muy breve, y es que durante más de diez años si hemos podido enviar hombres y mujeres a la Estación Internacional Espacial con sus equipos ha sido precisamente gracias a los rusos.

Y ahí nunca nos decepcionaron ni fallaron, como tampoco se burlaron del resto del mundo.

José Antonio García

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