Las Drogas y la Geopolítica: una relación estrecha y controvertida

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El consumo abusivo de estupefacientes y de todo tipo de substancias psicoactivas es un problema de salud pública de la que pocas sociedades se libra en la actualidad. El consumo compulsivo de estas drogas lleva aparejado todo tipo de adicciones que generan problemas de conducta y comportamientos inapropiados que sacuden los cimientos de una sociedad. Es por ello que la producción y distribución de estas substancias es una actividad ilícita perseguida en la mayoría de casos. Su persecución, lejos de ser disuasoria catapulta al tráfico de estupefacientes como uno de las actividades económicas más lucrativas y rentables del crimen organizado. Para el año 2003 el narcotráfico movía un volumen de negocio de 320.000 millones de dólares (un 1% del PIB global) y desde entonces su valor monetario ha seguido creciendo de manera exponencial. Las rutas y los nudos logísticos por los que se canalizan los estupefacientes tienen tanta importancia como los corredores para el suministro de hidrocarburos. Además, su potencial destructivo y su alta rentabilidad monetaria es un mecanismo que sirve para dirimir los conflictos entre potencias. En ese sentido, el uso desestabilizador del narcotráfico para debilitar a un contrincante geopolítico no es algo nuevo en la historia de la humanidad. En otros conflictos el papel del narcotráfico ha sido relevante a la hora de condicionar su devenir. Estos ejemplos históricos nos servirán para vislumbrar esta conexión.

Las Guerras del Opio:

En el siglo XIX China era un país que mantenía poco contacto con el mundo y estaba replegada de puertas para dentro, con un solo puerto operativo para el comercio exterior. A su vez, el floreciente Imperio Británico demandaba grandes cantidades de té, porcelana y seda que debía de importar de China para satisfacer a sus consumidores. En contraste China al ser un imperio autosuficiente y autárquico no demandaba mercancías británicas ni europeas en general. Todo ello generaba un enorme déficit comercial a los británicos frente a China, ya que los primeros debían llevar a cabo pagos en plata que mermaban su maltrecho tesoro, ya de por si vaciado por las ruinosas guerras napoleónicas. Para contrarrestar ese creciente déficit, Gran Bretaña comenzó a exportar de manera ilegal el opio cultivado en las amplias superficies de amapola en la India.

Mediante este tráfico ilegal introducían toneladas de opio por la costa china y a cambio conseguían los productos demandados. Ante las consecuencias perniciosas que el consumo de opio generaba entre la población china, las autoridades decidieron tomar cartas en el asunto y por ello la Dinastía encabezada por el Emperador Daoguang comenzó a combatir el tráfico de esta substancia atacando a las embarcaciones dedicadas a su distribución. El bloqueo naval chino condujo a enfrentamientos entre embarcaciones de ambas potencias, conduciendo así a lo que serían las dos guerras del opio que se desarrollaron entre 1839-1842 y 1856-1860. Estas guerras culminaron con una derrota militar de China, obligando a las autoridades a hacer concesiones territoriales dolorosas como la cesión de Hong-Kong a Gran Bretaña a través del

Tratado de Nankin o a abrir sus puertos al comercio exterior del opio y otras mercancías a través de la firma del Tratado de Tianjin. Estos tratados constituyeron una gran humillación que trajeron pobreza y sometimiento del Dragón Asiático durante más de un siglo.

El Narcotráfico en la Guerra Fría:

En la era moderna las ganancias monetarias procedentes del narcotráfico se han reciclado para financiar de manera encubierta algunas operaciones de los servicios de inteligencia. Prueba de ello es lo sucedido en los años 80 con la guerra civil nicaragüense. En 1979 los revolucionarios del Frente Sandinista derrocaron al dictador Anastasio Somoza. Con el temor infundado de que la Unión Soviética penetrarse en América Central y consiguiese extender sus tentáculos en la zona y amenazar el Canal de Panamá, la administración estadounidense presidida por Ronald Reagan comenzó a entrenar y adiestrar a elementos reaccionarios conocidos como “La Contra” con el apoyo del Congreso para desalojar a los sandinistas del poder. Aun así, a partir de 1983 la composición del congreso cambió la correlación de fuerzas al otorgar los electores al Partido Demócrata la mayoría en la cámara. La consecuencia de ello fue que el congreso revocó los planes de ayuda y financiación federal para garantizar la operatividad de estas guerrillas anticomunistas. Ante la falta de apoyo del congreso, la Administración Reagan de la mano de la CIA buscó mecanismos encubiertos para seguir brindando recursos a la Contra y la mejor manera para encontrar medios no fue otro que el tráfico de narcóticos.

Tal y como demostró el periodista Gary Webb en su serie de artículos conocido como “Dark Alliance” (La Alianza Oscura), narcotraficantes nicaragüenses pertenecientes a la Contra como Danilo Blandom o Norwin Meneses se encargaban de importar grandes toneladas de cocaína con la complicidad y protección encubierta de la CIA. Después suministraban la cocaína a un distribuidor de narcóticos conocido como Rick Ross, quien se encargaba del reparto del Crack (un derivado de la cocaína más barato y más adictivo que esta) en los barrios más pobres de EEUU. Barriadas enteras habitadas en su mayoría por afroamericanos fueron inundadas con esta sustancia, lo cual generó una epidemia nacional sin precedentes que afectó principalmente a la comunidad negra con una elevada mortalidad. Esta ingente masa de recaudación obtenida del comercio del crack se lavaba en un banco de Miami y posteriormente se canalizaban mediante transferencias hacia la Contra para que pudiera seguir abasteciéndose de armamento.

Tras destapar este escándalo el propio Gary Webb fue sometido a una campaña de desprestigio y escarnio público por parte de medios como New York Times o The Washington Post, lo que condujo indefectiblemente a su degradación profesional y a la renuncia en el periódico donde trabajaba, San José Mercury News. En 2004 Gary Webb falleció en su domicilio a la edad de 49 años en circunstancias sospechosas. Según la versión forense, Webb se suicidó después de dispararse en la cabeza con un revólver en dos ocasiones.

En el marco de la Guerra Fría otro conflicto de gran trascendencia estalló casi a la par que la guerra civil nicaragüense. Tras recibir en Vietnam un duro varapalo en sus pretensiones geopolíticas, la Administración Carter vio una ventana de oportunidad para empantanar y desangrar a los soviéticos como nunca antes. En un país inhóspito e históricamente inexpugnable como Afganistán, el gobierno presidido por Hafizullah Amin estaba realizando una serie de reformas sociales encaminadas a emancipar a mujeres oprimidas impulsando su escolarización y alfabetización. El gobierno afgano también suprimió los matrimonios concertados y llevó a cabo una reforma agraria para repartir las tierras de forma más equitativa. Estas reformas enfurecieron a ciertos sectores fundamentalistas que se levantaron en armas para derrocar este gobierno de corte progresista. En este contexto la URSS envió soldados para proteger a un gobierno endeble e impedir que estos fundamentalistas islámicos supusieran una amenaza desestabilizadora cerca de sus fronteras. Con la colaboración estrecha del ISI (el Servicio Secreto Pakistaní), la CIA orquestó una campaña de entrenamiento y adiestramiento de facciones insurgentes conocidos como los Muyahidines. Con tal de adquirir armas en el mercado, el aumento de la producción de opio y su comercialización prosperó sin parangón hasta convertir a Afganistán en un emplazamiento clave para el mercado mundial del opio y sus derivados como heroína o morfina. El valle de Helmand producía cerca del 60% de la cosecha afgana y después se transportaba la materia prima a la ciudad pakistaní de Darra, donde era sintetizada y refinada en los laboratorios habilitados por el ejército pakistaní. El puerto pakistaní de Karachi era por donde se canalizaba por vía marítima la mercancía hasta desembarcarla en Europa y EEUU. Los productores feudales de opio fueron estimulados para que ocuparan una posición preeminente en la comercialización de opio, que con sus precios bajos inundó el mercado occidental con heroína barata. Los beneficios derivados del tráfico de heroína eran blanqueados a través del Banco Internacional de Crédito y Comercio, un banco pakistaní que se utilizaba para encubrir este tipo de transacciones opacas.

Con la entrada del siglo XXI la importancia de Afganistán en el suministro global del opio y sus derivados no ha hecho más que acrecentarse. Después de que el gobierno talibán redujese las plantaciones de la adormidera únicamente a 8.000 hectáreas en 2001, la Operación “Libertad Duradera” encabezada por el Gobierno de George Bush desalojó del poder a los talibanes con el pretexto de que daban cobertura a las células yihadistas que participaron en los atentados del 11 de septiembre. Tras la ocupación de Afganistán por las tropas norteamericanas, la siembra de la adormidera ha crecido exponencialmente año tras año. El cultivo de opio abarcaba más de 200.000 hectáreas en Afganistán para el año 2016 y Afganistán era responsable del 95% del tráfico global de opio y sus derivados hasta el retorno de los talibanes al poder en 2021.

Las Guerras de Secesión Yugoslavas: el Caso de Kosovo

En el marco de las guerras de secesión yugoslavas el tráfico de narcóticos también jugó un papel destacado a la hora de condicionar los conflictos. En el marco de la guerra en Kosovo las guerrillas nacionalistas albanesas conocidas como UCK encontraron en el crimen organizado una manera de financiar sus operaciones para combatir contra las fuerzas de seguridad yugoslavas. En aras de alimentar una espiral de represión- atentados-represión que pusiera contra las cuerdas al gobierno yugoslavo presidido por Slobodan Milosevic ante la comunidad internacional, estos combatientes afianzaron sus vínculos con la mafia albanesa. Esta mafia actúa desde hace años como intermediaria para el tránsito de la heroína afgana en los Balcanes para distribuirla después a Europa occidental a través de Italia y Grecia. Los traficantes albaneses compraban en Turquía los derivados del opio para venderla luego en Europa. El secreto bancario suizo era utilizado para depositar el dinero sucio y efectuar las compras de arsenal que nutrirían los almacenes de la retaguardia operativa de UCK, en el norte de Albania.

El Departamento de Estado de EEUU era conocedora de estas actividades ilícitas y tenía a esta organización en su archivo de grupos terroristas hasta 1998. Aun así, a partir de ese año la organización fue sacada de esta lista y la administración norteamericana le dio reconocimiento de interlocutor legítimo en la guerra frente a Serbia. De hecho, un consorcio vinculado al Pentágono conocido como Dyncorp asistió con tecnologías de última generación como teléfonos satélite a la UCK de cara a facilitar la coordinación entre sus guerrillas y las fuerzas de la OTAN.

Tras la posterior intervención militar de la OTAN en Yugoslavia y la retirada de las fuerzas yugoslavas, en 2008 el Parlamento de Kosovo declaró la independencia de manera unilateral con el reconocimiento de EEUU y la mayoría de países occidentales.

La OTAN dispone de la segunda base militar más grande del continente europeo (Camp Boondsteel), tras la alemana Ramstein. Tal y como ha denunciado La Oficina de las Naciones Unidas Sobre Drogas y Crimen, la mafia albanesa tiene en Kosovo uno de sus enclaves permanentes para la realización de sus actividades ilícitas y sigue siendo uno de los nudos logísticos clave en los corredores globales de la distribución de estupefacientes. La clase dirigente de Kosovo encabezada por líderes como Hashim

Thaci ha sido acusado en reiteradas ocasiones de haberse enriquecido a través del secuestro, tráfico de órganos humanos, extorsión y tráfico de narcóticos. Curiosa paradoja en un territorio donde como en el caso de Afganistán hay tropas estadounidenses estacionadas.

La Crisis del Fentanilo en EEUU y su Trasfondo Geopolítico:

Un opioide sintético conocido como el “Fentanilo” está causando una verdadera epidemia sanitaria en Estados Unidos, asociados a muertes prematuras por sobredosis de esta sustancia psicoactiva. Según los expertos esta sustancia es 50 veces más potente que la heroína y su potencial adictivo es demoledor. Según los datos proporcionados por la DEA (Administración de Control de Drogas) el fentanilo mata a 200 personas al día en el país norteamericano y en 2023 74.000 personas murieron como consecuencia de sobredosis de este narcótico. Además, su incidencia ha aumentado de manera preocupante desde 2020. Según la Oficina de la Política Nacional de Control de Drogas las muertes por sobredosis de fentanilo aumentaron 1127% en la región sur, un 750% en el oeste, más de 500% en el medio oeste y más de 100% en el noreste.

El fentanilo se ha convertido en el huevo de las gallinas de oro de los narcotraficantes. Su producción es barata y no requiere de una infraestructura costosa, es sencillo de camuflar y transportar y su producción en masa la convierte en muy accesible para consumidores de todo tipo de clases sociales. En comparación a la producción de opioides, la producción de fentanilo es mucho más económico y eficiente, ya que necesita de mucha menos mano de obra, menos terrenos cultivables y una irrigación baja. Además, su menor peso hace que su transporte sea mucho más barato y sencillo, aliviando así la carga logística y el peligro de incautación que su distribución puede acarrear. Para los narcocapitalistas es un negocio redondo, ya que sin hacer una gran inversión los rendimientos monetarios son astronómicos.

Hay muchos factores detrás de esta explosión de consumo de este narcótico, pero las razones geopolíticas quizá sean las más notorias. Como ya se ha explicado en este artículo Afganistán es el epicentro del cultivo del opio a nivel global. En 2021 los talibanes retornaron al poder y desde entonces han declarado la guerra a la producción del opio hasta erradicar su cultivo. Estas medidas tomadas por el régimen talibán han generado una escasez de suministro que ha favorecido que el fentanilo haya ocupado el vacío dejado por el opio en el mercado. Además de este factor, la crisis nacional del fentanilo en Norteamérica, se une a la confrontación geopolítica que enfrenta a China y Estados Unidos. Las agencias del gobierno estadounidense acusan a China de contribuir a la epidemia del fentanilo en EEUU. Las acusaciones están basadas en el hecho de que China es el lugar donde se teje toda la cadena de suministro. Las sustancias químicas conocidas como precursores son fabricadas por compañías chinas y son exportadas a México de manera legal. Es en México en realidad donde empieza la producción en masa de este narcótico, ya que los carteles de Sinaloa y Jalisco se encargan de sintetizar estos componentes químicos para después transportar el producto final a Estados Unidos a través de la frontera. El gobierno estadounidense acusa a China de hacer la vista gorda y permitir que estos componentes circulen libremente para la posterior adquisición de las mafias mexicanas y su conversión en droga. Miembros del Partido Republicano han ido más lejos y acusan a China de emplear el fentanilo como arma geopolítica en respuesta a la guerra comercial, el veto a la exportación de microchips o el apoyo creciente que la Administración estadounidense ha dado a Taiwán. Aun así, las acusaciones no tienen demasiado fundamento ya que la provisión de estos componentes como tal no constituye ningún delito y el uso industrial de estos es variado. La hostilidad hacia México también se ha intensificado, ya que según el gobierno estadounidense el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha disminuido su actitud colaborativa con la DEA en la lucha contra el narcotráfico. Por ello, las promesas de todos los candidatos republicanos inciden en la famosa “Guerra contra las Drogas”. Congresistas republicanos han insistido en enviar al ejército estadounidense a México aun sin el beneplácito de su gobierno para desarticular a los cárteles mexicanos y cortar así el suministro de fentanilo que asola al país norteamericano.

No hay que olvidar que la denominada “Guerra Contra las Drogas” comenzó en la presidencia de Richard Nixon y ha seguido usándose como recurso electoral por parte de todos los candidatos presidenciales republicanos como Reagan, Bush y el propio Trump en 2016. Bajo esta promesa los candidatos republicanos han conseguido ganar las elecciones presidenciales consiguiendo el apoyo del electorado. Aun así, los resultados de esta cruzada contra las drogas, lejos de ser exitosas han contribuido a agravar el consumo de todo tipo de narcóticos y a acentuar la crisis de seguridad que se vive en el país. La militarización de la lucha contra las drogas no ha disminuido la criminalidad y ha contribuido a convertir a EEUU en uno de los países con mayor tasa de población carcelaria del planeta.

Sea como fuere, las drogas no son solo un problema de salud pública, sino una actividad altamente lucrativa que erige fortunas y también poderes fácticos muy poderosos. También es un elemento que condiciona la política internacional a todos los niveles.

Ander Aranburu Amenabarro

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