LA VICTORIA DE MILEI ANTE LOS BRICS

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Argentina y el mundo se despertaron este lunes con la victoria del histriónico Javier Milei en las elecciones a presidente, un político a caballo entre la extrema derecha y el ultraliberalismo –con guiños a eso tan peculiar llamado “anarcocapitalismo”-. Se han hecho mucho análisis sobre su ascenso, el fenómeno político que representa e incluso las políticas que puede implementar, desde la privatización total de inspiración hoppiana –su idea de privatizar los ríos porque “los dueños privados se preocuparían más en no contaminar” está tomado enteramente de Hans Hermann Hoppe, así como expresó en una entrevista al diario español El País que los políticos electos “No se ocupan de proyectos a largo plazo”, otra idea del citado Hoppe-, hasta la ruptura del consenso sobre la experiencia de la dictadura militar.
En contraste, se han analizado menos las implicaciones en política exterior que puede conllevar la victoria del Peluca. Algo que en nuestra opinión es necesario analizar, debida la cuenta que Argentina es el segundo país más poblado de Sudamérica y que en agosto, con el presidente saliente Alberto Fernández, había solicitado su membresía en el bloque BRICS de los países emergentes. La entrada de Argentina estaba prevista para el 1 de enero de 2024… pero Milei se opone a la misma.

La cumbre de los BRICS de agosto celebrado en Johanesburgo acordó la entrada de Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán, además de Argentina. El “desarrollo sostenible” y el “Multilateralismo inclusivo” fueron dos de los conceptos claves de dicha cumbre. En ese encuentro se tomaron diferentes acuerdos para reforzar la hasta ahora magra estructura interior de los BRICS, como el establecimiento del Grupo de Trabajo de la Economía Digital y algunas instituciones espaciales; así como el reforzamiento de algunas instituciones bancarias, técnico-innovativas y estadísticas y el subrayamiento del G-20 como principal foro multilateral en la actualidad. Algunas instituciones de los BRICS, como el Banco Internacional de Desarrollo ampliaron miembros (Bangladesh, Emiratos Árabes Unidos y Egipto). Subrayaron también el papel protagónico de la integración africana y saludaron el interés del “Sur Global” –un proceso ligado con el viraje económico de Rusia tras las sanciones impuestas por Occidente por la guerra con Ucrania-. Además tomaron el compromiso que la siguiente cumbre del BRICS se hará en Kazán, Rusia, en medio de las sanciones occidentales al Estado eslavo, por tanto podía interpretarse como un desafío a dicho orden. Así mismo expresaron su apoyo a Siria y a la condena al establecimiento de colonias israelíes en Cisjordania y su apoyo al establecimiento a un “Estado Palestino”, si bien no definían sus fronteras. Cabe decir que esto lo dijeron en agosto, antes del ataque de Hamas y la respuesta israelí que bordea tácticas genocidas. Todo esto, especialmente esto último, es importante
para lo que hablaremos a continuación.

Si recapitulamos un poco, vemos cómo los BRICS están intentando consolidar algunas de sus estructuras, sobre todo sectoriales, en lugar hacer un gran estructura-marco común; entre otras cosas porque los BRICS no disponen de una ideología ni de una “concepción del mundo” común, como sí lo dispone el occidentalismo con la defensa del libre comercio, la democracia liberal y la soberanía del individuo. Esto es lo primero que tenemos de tener en cuenta al hablar de los BRICS; no son una organización dotado de organismos ejecutivos permanentes como la UE o la OTAN, sino más bien un compendio de estructuras sectoriales.

La cumbre de Johanesburgo ha ido por el camino de fortalecer estas alianzas; no se planteaba una supraestructura como sus contrapartes occidentales. No hay una ideología en común, no hay una visión ideológica universalista como sí la había en el antiguo Pacto de Varsovia, aunque sí hay una afirmación de ciertos valores “comunitarios” (no comunes entre ellos ni únicos) frente al mercado, una especie de colección de diferentes “ideocracias”, como las denominé una vez –cosa que no quiere decir que sean incompatibles con el capitalismo como forma económica-; en lugar de la concepción del mercado como valor prioritario universal. Sin embargo, en la cumbre de Agosto los BRICS afirmaron que había un principio podemos decir ideológico: la apertura al “Sur Global”; si bien no se definía qué era o qué criterios formaban ese “Sur Global”, al saludar los BRICS el interés de este sector en esta institución (punto 90 de la declaración). Por tanto, hay dos distanciamientos del “Norte Global”: uno en torno al equilibrio mundial y el rechazo al unipolarismo, y otro en torno a la defensa de la primacía de ciertos valores nacionales o civilizatorios frente al mercado (que no debe entenderse como rechazo del capitalismo), frente a la inversa, como lo defiende dicho “Norte Global”. Esa combinación de defender el multipolarismo desligado de la necesidad de una ideología o un programa determinado, más allá de los valores nacionales “propios”. Esta es una combinación criticada por el marxista indios Vijay Prashad como poco funcional como alternativa, y sin embargo es saludado con entusiasmo por el pensador decolonial y posmodernista Walter Mignolo. Ahora parece que uno de los candidatos de la ampliación del Sur Global va a desistir entrar en los BRICS, y precisamente afirma la primacía del mercado. ¿Es esto un duro golpe a dicha ampliación?

Parece que Milei identifica el apoyo geopolítico a EEUU y a Israel con el rechazo a los “comunistas” de los BRICS (otro destinatario de sus dardos suele ser Irán, que no es comunista, pero sí un oponente de Israel). Es el mismo Milei quien le da una cohesión ideológica a los BRICS y después lo proyecta hacia la realidad. Ahí se entienden algunas cosas como el férreo alineamiento con Israel o la dolarización: se ve como un baluarte contra la amenaza a los valores occidentales, de ahí que se alinee con otros baluartes como EEUU –más Trump que Biden-, la extrema derecha europea o Israel. Es un raro caso de un ultraderechista muy poco nacionalista –el tema de las Malvinas coleó en campaña-, su nación es “Occidente”, pero no cualquier Occidente, sino un Occidente muy radicalizado y en vanguardia contra el Estado de bienestar y las “amenazas”, contra los “socialistas” de dentro y de fuera) Y a su vez con un Occidente en su versión más reduccionista –en contra de algunos “paleoconservadores” estadounidenses, dispuestos a dar la bienvenida a Rusia como un par conservador-. Para Milei el combate interior contra el “Estado” o “los zurdos” y el combate exterior son una y la misma cosa. Quedó para la posterioridad su precaria respuesta en el debate televisivo cuando Sergio Massa le preguntó por sus relaciones con Brasil, el mayor socio comercial, la respuesta de Milei fue que no iba a hablar con Lula (para ser sinceros, Milei fue coherente con su programa, desde que lanzó su candidatura ha hecho de la ruptura con Brasil una de sus puntas de lanza).

Ha puesto en duda incluso a Mercosur (un proyecto que inició su admirado Menem), una institución que mantiene interlocución económica con la Unión Europea –conglomerado que sí cuenta con las bendiciones del nuevo presidente-. Mercosur ha facilitado que el mercado automovilístico argentino haya encontrado su sitio en Brasil. Esta alianza está también a punto de romperse.

La postura de la dolarización de la economía realizada por el presidente electo no es nueva en Argentina. En 1992 otro liberal, aunque este peronista, Carlos Menem realizó el “empate más festejado” en la historia de este país muy futbolero: la paridad entre el peso y el dólar. Pese a la postura explícitamente antiperonista de Milei –que lo identifica con “el Estado”, “la casta política”, la generación post-dictadura- algunos peronistas de aquella época o sus sucesores han sido incluídos en la coalición mileyista, notoriamente, el ministro de Economía de aquella época, Domingo Cavallo 1 . No dejó muy buen recuerdo esa dolarización, trayendo una crisis económica que se llevó por delante varios presidentes y una década perdida. Sin embargo, esto puede tener una importante repercusión ideológica: si los BRICS anunciaban la desdolarización (uno de sus proyectos estrella son los bancos de desarrollo y las instituciones de intercambio que pretenden fuera del dólar), que un país-candidato haya votado a un candidato ferviente partidario de la dolarización puede ser un golpe ideológico. ¿De qué importancia?

La aproximación de Milei es enteramente ideológica –Marco Teruggi asegura que es una paradoja en un liberal-; él se siente como un baluarte de Occidente frente a los “comunistas” y en ello ha fundamentado el rechazo a los BRICS y la defensa del atlantismo. La postura de acercamiento a Estados Unidos, un país que ha puesto aranceles a la importación de la carne argentina –contrariamente a China, como lo veremos-, tan inquebrantable, muestra que para el candidato ganador sus marcos ideológicos han pesado más que un análisis desapasionado de la situación argentina. Pese a que el ideólogo de Milei, Agustín Laje se mostraba optimista respecto a la integración en la “Nueva Derecha” entre los “libertarianos, conservadores y soberanistas” no parece que el soberanismo arancelario de la alt-right estadounidense congenie bien con la circulación de los productos agrícolas argentinos –paradójicamente, contrariamente a China- y el librecambismo extremo y hoppiano de Javier Milei 2 . Podemos estar ante un “guerrero frío 2.0”. Poco importa que la realidad vaya por otro lado, de hecho algunos de los países de ese bloque son los primeros interesados en mantener una relación fluida con los que Milei llama “Occidente”: ahí está por ejemplo la cercanía de India con Israel, de la misma India que en su día alzó la voz a Blinken a cuenta del comercio de petróleo con Rusia. O la misma ambigua postura de Rusia hacia el Oriente Medio: aliada de Siria, pero sin molestar a Israel (esto nos lleva a otra pregunta sobre cómo se concibe el tan mencionado multipolarismo: ¿es multipolarismo la existencia de un bloque cohesionado alternativo al hegemón o es simplemente resultado de la proliferación de “agendas propias” más allá de hegemones y de bloques? 3 ). Las relaciones económicas entre India e Israel durante el ejercicio de 2022-2023 fueron de diez mil millones de dólares (sin contar defensa), de los cuales casi un %80 fueron en dirección del subcontinente índico al Mediterráneo. Pero también tienen una larga tradición de cooperación militar, quizá inaugurada en 1999, cuando la venta de aparatos aéreos israelíes fue decisiva para la victoria hindú en la guerra de Kargil –en 2017, el intercambio militar entre ambos países alcanzo la cantidad de mil millones de dólares-. Israel además de servir de ejemplo para alguna ley restrictiva de la ciudadanía que ha pretendido introducir Narendra Modi. Sin embargo, no negará quien esté leyendo esto que es una deliciosa ironía que tras miles de advertencias de comentaristas y analistas occidentales “regreso de la guerra fría” en Rusia o China, sea un defensor del “mundo occidental” quien más claramente haya abogado por el regreso de las lógicas y los ejes de la Guerra Fría. Habrá que ver también hasta qué punto estará el mandato de Milei orientado por la ideología del candidato vencedor y hasta qué punto lo estará por sus compañeros de viaje. De momento el partido mayoritario en las cámaras es el del expresidente Mauricio Macri, de lo que podemos llamar “derecha clásica”. Macri fue instrumental en la victoria de Milei en la segunda vuelta, al convencer a la candidata de su parido Patricia Bullrich, que había sido anteriormente insultada por el ultraderechista, que lo apoyase. Puede ser que Macri y sectores análogos apoyen una aproximación menos ideológica y más más pragmática –aunque liberal y privatizadora- tanto en la política interior como en la exterior; y lo demostró cuando profundizó las relciones con China –sobre todo en cuanto al instrumento financiron para aliviar la deuda-. De hecho ya hay un precedente: el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, que también ascendió a la presidencia con una fuerte retórica anticomunista, quizá más ideologizada que Milei (no en vano, uno de sus ideólogos clave era el filósofo Olavo de Carvalho), que proyectaba hacia la política exterior –en concreto hacia China y sus fluidas relaciones económicas con Brasil-, después fungió como presidente sin salir de los BRICS y aumentando dichas relaciones comerciales: el porcentaje de China en las exportaciones brasileñas se situó cerca del 30% en 2019, según datos de Paulo Esteves. Las salidas de tono de varios parlamentarios bolsonaristas (entre ellos del hijo del expresidente, Eduardo Bolsonaro) no afectaron a esta marcha comercial. Incluso entre los productos más exportados se encontraban productos agrícolas como la soja (los productores latifundistas agrícolas constituían un pilar importante de la base social de Bolsonaro).

Obviamente, la situación no es la misma: Bolsonaro se encontró a un Brasil no candidato sino miembro del BRICS; y China ocupaba el 20% de las exportaciones de Brasil, y ya llevaba muchos años siendo el principal socio del país carioca con diferencia, mientras que ocupa un 8,5% (aprox.) de las exportaciones de Argentina –y no es el principal socio comercial de la nación platense, sino que es precisamente Brasil-. Pero estas matizaciones, que son necesarias, no anulan la existencia del precedente. Es más, como dice el economista Gustavo Ng, hoy en día Argentina no puede prescindir de China –su segundo destino de exportaciones, mientras que las importaciones de Argentina sólo ocupan un %0,38 de China-, porque es el cliente de su enorme mercado alimentario, principal consumidor e importador de carne, “deberíamos de cambiar nuestro modelo agroexportador” (algo que ya prometió Perón y no pudo hacerlo). ¿Tuvo Javier Milei en cuenta todo esto antes de lanzar sus exabruptos sinófobos? Y otra cosa: ¿podrá dolarizar la economía argentina cerrando una vía de entrada de divisas, tal y como recordó Felisa Miceli, exministra de Economía? Y ello por no hablar de la cancelación de algunos proyectos como la presa de Santa Cruz o la puesta a punto de los ferrocarriles argentinos, o los proyectos financieros chinos para pagar la deuda platense con el FMI. El analista Marco Teruggi asegura que no entrar en los BRICS (lo dijo antes de la elección de Milei) ocasionaría “Una ruptura nunca vista” en Argentina.

De momento China ha saludado el triunfo de Milei y ha expresado su optimismo a trabajar con una Argentina dentro de los BRICS. En el estilo flemático chino, del avance pausado, el embajador de la RPCh en Buenos Aires invitó al Peluca a visitar China en agosto. Ahora la portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Mao Ning, ha respondido poniendo números encima de la mesa –Más del 90% de la soja argentina y en torno al %57 de la carne argentina son vendidas a China-, no calificativos, sino primero datos y luego opinión. China sabe que Argentina necesita más de ellas que a la inversa, y Mao Ning, diplomáticamente, ha venido a recordar eso –algo que desde Argentina también ha mencionado el ensayista geopolítico Jorge Elías-.

Como hemos visto los BRICS pueden ser para Milei su espantajo ideológico, pero esto va más allá de los BRICS: poner en cuestión Mercosur (por cierto, socio comercial de la Unión Europea, bendecida por Milei), los dos principales socios comerciales de Argentina, algunos proyectos logísticos y financieros… ¿tiene margen Milei para sus proyectos en política exterior?

Por el otro lado parece que los BRICS seguirán su camino, con Maldivas o sin Maldivas, o en este caso, con Argentina o sin Argentina. Para los BRICS y su “Pluralismo ideocrático no ideológico” siempre será preferible trabajar con Argentina que la ruptura, esté Milei o cualquier otro –esa es una cuestión secundaria-; si no puede ser como miembro, como miembro-observador o como asociado o “compañero de viaje”. Es difícil saber cómo impactará la victoria de Milei en los planes de integraciones “sectoriales y por abajo” de los BRICS; al menos si el nuevo presidente no acomete la dolarización. Si la acomete, el éxito o el fracaso del programa determinará si Milei es un ariete ideológico contra los BRICS o algo ejemplarizante que puede servir a los BRICS como ejemplo y a la vez para dar mayor cohesión en torno al agrupamiento del “sur Global”. Pero si aparca la dolarización no parece que habrá muchas variaciones en la política de los BRICS.

NOTAS

1 La última década se ha venido hablando de una división entre el peronismo, más sociológica que político-organizativa, entre el “peronismo metropolitano” y el “peronismo federal”. El primero, enraizado en Buenos Aires y su provincia, se identifica más con las corrientes de centro-izquierda e izquierda, y sería el principal pilar de las coaliciones unidas en torno a Néstor Kirchner y Cristina Fernández. El segundo, más enraizado en las provincias del interior, estaría más vinculado a corrientes conservadoras o de centro-derecha y en esta facción se incluye Sergio Massa, el rival electoral de Milei.
Según algunos analistas, el peronismo federal habría dividido sus simpatías entre ambos candidatos.

2 Un problema añadido para la unidad ideológica de esta “nueva derecha” es además que la visión dolarizadora de Milei (muy hostil a su Banco Central nacional) significaría dar más poder a la, o por lo menos partir de una evaluación positiva de la Reserva Federal estadounidense, auténtica bestia negra de los paleoconservadores y alt-right estadounidenses.

3 Una pregunta que también se hizo con la agresión de Azerbaiyán (“Mundo turco”) contra la República del Artsaj (“Mundo armenio”, tradicional aliado de Rusia y de Irán). ¿Esa ausencia de contraparte cohesionada a Occidente debilita el multilateralismo, o la aparición de una Turquía como potencia autónoma es uan evidencia de lo mismo?

Jon Kortazar Billelabeitia

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