La soledad geopolítica de Armenia*

Mapa de las fronteras entre Armenia y Azerbaiyán. Fuente: Wikipedia.

Armenia lleva años jugando pesimamente sus cartas geopolíticas, las cuales de por sí son muy malas. El pequeño territorio del país está encajonado en el Cáucaso Sur sin salida al mar, con una economía muy débil y sin el balón de oxígeno del gas natural o el petróleo tan habituales en la región. Además, tiene la población más pequeña de Asia Occidental (exceptuando Bahréin y Chipre) y está parcialmente rodeada por pueblos túrquicos (Turquía y Azerbaiyán), sus enemigos históricos. También comparte frontera con Georgia, pero las relaciones no son especialmente buenas por motivos históricos, geopolíticos y más banales como la competencia entre ambos países por erigirse en la principal referencia “cristiana/europea” de la región. Con Irán, en cambio, comparte una pequeña parte de frontera y diferentes intereses. Teherán quiere asegurar la independencia de Armenia y su unidad territorial para dificultar la conexión terrestre de los pueblos túrquicos y mitigar el irredentismo de las provincias iraníes de mayoría azerí. Pero los armenios no han explotado lo suficiente esta posible alianza por la animadversión occidental contra Irán.

En Ereván existe una tendencia secular por acercarse a Occidente, de ahí el desarrollo de marcos de cooperación con la OTAN y la Unión Europea o las intermitentes decisiones contrarias a los intereses de la Federación Rusa. Sin embargo, por realismo geopolítico Armenia ha acabado buscando casi siempre el apoyo ruso. Moscú ve a Ereván como un aliado no leal, pero, en gran parte gracias al conflicto del Alto Karabaj, Armenia participa en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva y en la Unión Económica Eurasiática que lidera Rusia.  No obstante, tras el nombramiento de Nikol Pashinyan como primer ministro tras las movilizaciones de 2018 y la voluntad del nuevo gobierno de profundizar su acercamiento a Occidente, las relaciones entre Moscú y Ereván se han tensionado; un proceso de erosión que se ha acelerado con la guerra del Alto Karabaj del 2020 hasta dejar al país en un callejón sin salida con el bloqueo que ejercen los azeríes contra la autoproclamada República de Artsaj (Alto Karabaj). Ante esta situación Pashinyan ha decidido ceder frente Azerbaiyán y ha declarado públicamente que Armenia está dispuesta a aceptar la soberanía azerí del Alto Karabaj. A cambio Pashinyan querría asegurar las fronteras internacionales armenias que actualmente amenaza Bakú, aunque no está claro que los azeríes respeten un acuerdo de este tipo a medio plazo. Azerbaiyán tiene especial interés en hacerse con el sur de Armenia para conectar la región de Najichevan con el resto del país y, en consecuencia, conectar el mundo túrquico por tierra desde Estambul hasta Bakú. Para que esto no ocurra, la esperanza inocente del Gobierno armenio es estrechar lazos con Occidente, el amor platónico de Ereván que nunca le corresponde, más allá de algunos flirteos intermitentes para poner nervioso a Moscú.

Mientras, en Bakú entienden muy bien la lógica de las relaciones internacionales. Azerbaiyán es desde el punto de vista geopolítico el país más importante del Cáucaso sur: tiene la mayor extensión territorial y el tamaño poblacional más grande con una economía sólida gracias al petróleo y el gas. Geopolíticamente es un firme aliado de los turcos y mantiene excelentes relaciones económicas y políticas con Occidente, en detrimento de los armenios. La propia Rusia hace muchos negocios con Azerbaiyán, no es su aliado, pero es un mercado grande y país clave para asegurar su influencia en el Cáucaso sur, además, se muestra como socio fiable para Moscú, ya que no comete los errores geopolíticos que hace Armenia para complacer a Occidente.

Azerbaiyán se siente seguro por su fortaleza económica, pero también porque tiene bien asimilado dónde está situado en el mapa, a diferencia de Georgia y Armenia. De hecho, estos últimos actúan a veces como si en lugar de estar en Asia estuvieran en Europa. Pero la realidad es que los países cristianos del Cáucaso están localizados en un rincón de Asia y el realismo político les exige mirar hacia el este y el sur. Especialmente en el caso armenio que no tiene una conexión marítima con la Unión Europea y vive en permanente tensión con Turquía, en consecuencia, casi la mitad de las exportaciones armenias van a Rusia y un tercio a Asia. La realidad, guste o no a Ereván, es tozuda y la supervivencia del Estado armenio tiene más que ver con mirar hacia el este y al sur que con seducir a Occidente.

Asier Blas Mendoza

 

*El artículo originalmente fue publicado en euskara en la revista Argia. No obstante, la versión que presentamos aquí es algo diferente por ser un borrador previo a su publicación que era algo más extenso. La traducción al castellano la ha realizado el propio autor.
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