La Masacre de Gaza Trastoca la Puesta en Funcionamiento de la IMEC

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El pasado 7 de octubre las distintas facciones de la Resistencia Palestina lanzaron la operación denominada “Inundación de al-Aqsa” contra las fuerzas armadas israelíes. Tras el duro varapalo recibido por el ejército y la inteligencia israelí, la respuesta del estado hebreo ha sido de una ferocidad tal que ha conmocionado a la opinión pública mundial de manera nunca antes vista. Aun así, el recrudecimiento del siempre latente conflicto palestino ha dejado otras consecuencias de alcance global que han pasado inadvertidas y que revisten de gran relevancia.

De hecho, la masacre de Gaza está a punto de llevar (si no lo ha llevado ya) a la tumba la puesta en marcha del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC por sus siglas en inglés). El corredor estaba concebido para fortalecer el desarrollo económico, fomentando la conectividad y la integración económica entre Asia, el Golfo Pérsico y Europa. El corredor propone unir económicamente India con Europa atravesando para ello Emiratos árabes Unidos, Arabia Saudí, Jordania, Israel y Grecia. El memorándum de entendimiento para la puesta en marcha del proyecto fue firmado en Nueva Delhi por los dirigentes de India, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Francia, Alemania, Italia y representantes de la UE el 10 de septiembre de 2023. El memorándum en su documento inicial pretende fortalecer los nudos de comunicación entre Asia y Europa a través del desarrollo de redes de transporte múltiples como líneas ferroviarias, marítimas, carreteras, gaseoductos, oleoductos o sistemas de cableado incluso.

El proyecto ha sido apadrinado y bendecido desde el inicio por EEUU. Aunque no haya habido declaraciones contundentes al respecto, parece claro que IMEC ha nacido como un proyecto destinado a contrarrestar la creciente influencia que la República Popular China quiere desarrollar a través de la Belt and Road Iniciative (Iniciativa de la Franja y la Ruta) o mejor conocido como “La Nueva Ruta de la Seda”. La IMEC ya partía con desventaja sobre la iniciativa China, ya que desde que la propuesta se lanzó en 2013 ya se han unido 150 países y se ha invertido más de un billón de dólares en el desarrollo de infraestructuras que armonicen el comercio entre los socios signatarios. Frente a ello, la IMEC parece concebido como un proyecto alternativo que aglutine a potenciales socios de EEUU, además de disminuir la importancia estratégica que sigue conservando el Canal de Suez en el comercio mundial. No es casual que los socios escogidos para el enlazamiento del corredor sean Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí o Israel (aliados de Washington en Oriente Medio). Las vinculaciones geográficas del corredor están minuciosamente diseñadas para que la ruta evite por todos los medios atravesar países hostiles (o potencialmente hostiles) a los intereses norteamericanos como Irán, Irak, Siria o incluso Turquía, la cual es vista con cada vez más escepticismo en los despachos de la Casa Blanca por sus crecientes pulsiones neo-otomanistas desde Asia Central hasta países del Magreb como Libia.

Además de arrebatar la iniciativa a China en la consolidación de corredores comerciales, EEUU quería lograr varios objetivos geopolíticos de gran calado con la puesta en marcha del proyecto. A modo de resumen estas eran las más importantes:

Abrir una grieta en el bloque de los BRICS con la inclusión prioritaria de India en el proyecto: las aspiraciones de India para lograr el liderazgo a nivel global son conocidas. Además, el país más poblado del planeta tiene un historial de confrontación con China, lo cual quiere instrumentalizar Washington para cercenar un progresivo acercamiento entre ambas potencias. La India tiene al igual que China grandes necesidades de abastecerse de hidrocarburos para el consumo intensivo de sus industrias, por ello una mayor convergencia con Arabia Saudí o EAU puede otorgarle una mejora en sus comunicaciones con estos países y abastecerse con mayor velocidad y menor coste. Todo ello fortalecería a India económicamente frente a una China que lo vería como un competidor a tener en cuenta. Todo ello abriría una brecha entre ellos.

Un segundo objetivo relacionado con el primero, podría ser el de impedir una mayor convergencia energética entre la India y la Federación Rusa. La imposición de sanciones a Rusia por los países occidentales ha sido sumamente beneficiosa para India, ya que ha podido adquirir petróleo a precios bonificados. India ha actuado como intermediaria al vender el crudo refinado a los países europeos, obteniendo ganancias cuantiosas. Además de ello, India y Rusia tienen en mente agudizar sus relaciones con la puesta en marcha del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur. Esta ruta terrestre tiene en mente unir San Petersburgo con la ciudad portuaria de India Mumbai, acortando considerablemente la ruta actual que atraviesa cuellos de botella como el estrecho de Gibraltar o el Canal de Suez. La ruta además atravesaría países poco amistosos con EEUU como Irán. Por ello, la IMEC parece concebido para alejar a India de este proyecto y unirla a los aliados estadounidenses de Oriente Medio como Arabia Saudí e Israel.

Impulsar una normalización de las relaciones entre Israel y Arabia Saudí: mediante la construcción del corredor se quería dar un impulso a la normalización de las relaciones diplomáticas entre Israel y los países árabes de la zona. Por tanto, la construcción del corredor sería una continuación lógica tras la firma de los Acuerdos de Abraham en 2020 entre Israel y Emiratos Árabes Unidos. Mediante este acuerdo EAU se convertía en el tercer país árabe que alcanzaba un acuerdo de paz con Israel tras Egipto en 1979 y Jordania en 1994. Israel obtenía mayor homologación diplomática que nunca por parte de sus vecinos árabes más reticentes. La cooperación entre ambos estados se venía estrechando más que nunca con la apertura de una oficina diplomática por parte de Israel en EAU en 2015. En 2020 la colaboración entre ambos estados se intensificó a raíz de la pandemia del Covid 19, con la compra por parte de Israel de equipamientos sanitarios en los países del golfo. La construcción del corredor convertiría a Israel en un emplazamiento logístico de primer nivel entre Oriente Medio y Europa.

Por tanto, la inclusión de Arabia Saudí en este puzzle era la guinda que faltaba para que los cimientos del plan fueran infalibles. La construcción del corredor crearía las condiciones materiales y psicológicas propicias para que Israel y Arabia Saudí abandonasen sus recelos históricos y profundizasen su integración a través de un comercio lucrativo y beneficioso a partes iguales. El corredor también buscaría neutralizar la reciente normalización que se venía dando entre Arabia Saudí e Irán a través de la mediación de China. Esta incipiente “emancipación” saudí de la órbita norteamericana supone quizá una amenaza mayor que cualquiera para la hegemonía norteamericana. Arabia Saudí es un elemento indispensable para mantener la arquitectura financiera global ligada al dólar. La monarquía petrolera recicla gran parte de sus ingresos petroleros a la compra de deuda pública del tesoro norteamericano, lo que le permite al gobierno estadounidense seguir financiando su mastodóntico gasto en defensa, ya que acapara el 40% de todo el gasto global. Además, Arabia Saudí ha garantizado hasta ahora que las transacciones de petróleo se realicen exclusivamente en dólares, lo que permite a EEUU conservar la máquina de fabricar dinero sin ningún límite. Por ello, un acercamiento de Arabia Saudí al bloque de los BRICS es algo a evitar por todos los medios para cualquier administración estadounidense. El corredor habría venido también a “corregir” este desliz.

Dotar a la Unión Europea de Nuevas Fuentes de Energía: la guerra de Ucrania ha cortocircuitado las relaciones entre la Federación Rusa y Europa. Europa tiene una alta dependencia energética de proveedores externos, sobre todo de energías fósiles. Hasta 2022 Rusia era el principal proveedor de gas natural y petróleo para la UE. Con la imposición de sanciones económicas, la UE ha hecho una apuesta estratégica para desligarse de esta dependencia energética de Rusia. Aun así, Europa debe buscar nuevos proveedores externos para suplir el suministro ruso de hidrocarburos. Los países de Asia Central como Azerbayán o Kazajstán podrían ser una alternativa. Aun así, estos recursos se tendrían que canalizar necesariamente a través de Turquía, dotando al país otomano de mayor poder e influencia. Todo ello tampoco le conviene a la UE, ya que las relaciones con Ankara son bastante tensas con otros temas como la inmigración que el gobierno turco utiliza como mecanismo de chantaje. Por ello, el corredor aseguraría un suministro estable y duradero desde Oriente Medio.

El memorándum de entendimiento para la puesta en marcha del corredor se vendió como un éxito de la diplomacia norteamericana. Algunos dirigentes de la Administración Biden se dejaron llevar por la euforia y dejaron declaraciones poco afortunadas en vísperas de la Operación “Inundación al-Aqssa”. Entre ellas destacaron las declaraciones realizadas por Jake Sullivan, el Asesor de Seguridad Nacional del Presidente de Estados Unidos, en el evento TheAtlantic Festival el 29 de septiembre: “La Región de Oriente Medio es más tranquila ahora que hace dos décadas”. Obviamente la operación de la resistencia palestina le rebotó como una bofetada a mano abierta en pocos días. La tranquilidad deseada por los estrategas norteamericanos para los planes de reordenación de Oriente Medio ha saltado por los aires con el rebrote de violencia desmedida por parte de la entidad sionista en Gaza.

Las intenciones de la resistencia palestina en aquella operación minuciosamente planificada son variopintas, alguna de ellas de alcance “nacional”, entre ellas insuflar de moral a la resistencia y revitalizar el espíritu de lucha en un contexto de creciente colaboración de la Autoridad Nacional Palestina encabezada por MahmudAbás con Israel. También poner en tela de juicio la infalibilidad de las fuerzas armadas israelíes e instalar una sensación de vulnerabilidad en la mente de la población israelí, poniendo en tela de juicio la capacidad israelí de captar nueva población judía que pueble los asentamientos coloniales. Aun así, también parece existir un objetivo más ambicioso de carácter regional: deslegitimar la normalización de las relaciones entre los países árabes e Israel. La entidad sionista ha conseguido el mayor nivel de aceptación jamás visto en la región con los Acuerdos de Abraham o con la normalización de relaciones con Marruecos. Si a ello se le añade que contrapesos históricos como Siria están más debilitados que nunca por un conflicto militar de alta intensidad, la situación de Israel era más propicia que nunca para su consolidación política en la región. La IMEC era un aldabonazo más para afianzar su importancia geoestratégica a través del comercio.

La violencia en Gaza ha deteriorado la imagen de Israel en todo el mundo y a su vez sus relaciones con los países árabes limítrofes. De hecho, la masacre de Gaza ya ha tenido sus consecuencias. Arabia Saudí ha suspendido sus conversaciones sobre la normalización de las relaciones con Israel. Sin el compromiso saudí el corredor será imposible de materializar, por lo que se puede decir que el proyecto ha muerto nada más nacer. Otro traspiés para la política exterior de la Administración Biden, que junto a la fallida contraofensiva ucraniana de primavera-verano acumula fracasos difíciles de vender a la opinión pública norteamericana. Mucho se tendrán que esforzar los asesores de comunicación de la Administración Demócrata para maquillar estos resultados e impedir la victoria de los republicanos en las elecciones presidenciales de 2024.

Ander Aranburu Amenabarro

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