El “Oro Amarillo”: El Trigo Como Arma Geopolítica

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El trigo es uno de los cereales más consumidos del planeta y resulta indisociable de la dieta de millones de seres humanos en el mundo. Por todo ello, su producción y distribución en los mercados mundiales se antoja estratégica para la seguridad alimentaria de todos los estados del planeta. Así, su control ha sido una fuente de disputa a lo largo de la historia y también se ha utilizado como arma geopolítica. Los ejemplos históricos son innumerables.
Ya en la antigüedad la ciudad de Atenas ostentaba una preponderancia naval inexpugnable y por ello el comercio de la ciudad prosperó sin parangón. La población aumentó hasta alcanzar los 250.000 habitantes, convirtiéndose en el principal talón de Aquiles de los dirigentes. No había suficiente trigo como para abastecer las necesidades alimenticias de toda la población. Para evitar tensiones internas, los gobernantes griegos tuvieron que buscar suministros en Siria, Egipto, Sicilia o en las tierras aledañas al Mar Negro. En la modernidad, el trigo también se ha convertido en un elemento de vital importancia en distintos escenarios geopolíticos. En la Segunda Guerra Mundial, el Tercer Reich necesitaba de una fuente abundante de grano para alimentar a su población y a los soldados en el frente de guerra. Por ello, Hitler lanzó la Operación Barbarroja entre otras cosas para apoderarse de las fértiles llanuras de trigo de Ucrania, conocido como el granero de Europa. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tomo una posición predominante en la producción de cereales y no dudó en utilizar sus excedentes de trigo para obtener réditos tanto económicos como políticos. Bajo el Plan Marshall, EEUU proporcionó toneladas de trigo a una Europa asolada por los estragos de la guerra con el fin de evitar convulsiones sociales que hubiesen desencadenado un auge mayor de los partidos comunistas.

En otros conflictos de la Guerra Fría el trigo jugó un papel relevante a la hora de condicionar el comportamiento dediversos actores. Por ejemplo, en 1979 en las negociaciones entre Israel y Egipto, los diplomáticos estadounidenses cortejaron a los líderes árabes con la promesa de proveer “pan barato” a cambio de firmar los Acuerdos de Camp David. A la inversa, los norteamericanos utilizaron el trigo como arma coercitiva contra la Unión Soviética tras su intervención militar en Afganistán. El mayor estado socialista del planeta se había convertido en un gran importador de
cereales desde EEUU, por lo que los estadounidenses no tardaron en aprovechar esta vulnerabilidad. En 1980 la Administración Carter ordenó un embargo de cereales bloqueando la venta de 17 millones de toneladas a la URSS.

Otro estado que ha sabido sacarle partido al comercio de trigo ha sido la República de Francia. En los años 70 el país galo alcanzó la autosuficiencia alimentaria y se convirtió en potencia agrícola a través de las subvenciones procedentes de la Política Agraria Comunitaria (PAC) de la UE. Hoy día exporta la mitad de su producción a países del norte de África y a sus excolonias, las cuáles son mercados cautivos que le reportan gran parte de los beneficios que obtiene en el exterior, además de ayudarle a conservar una influencia diplomática notable. Aun así, en los últimos años este cuasi-monopolio se ha visto erosionado por la entrada de nuevos competidores como Rusia en el mercado africano. En Argelia por ejemplo las importaciones de trigo francés descendieron un 60% de 2019 a 2020 ante la entrada de trigo ruso más barato y de buena calidad. El país euroasiático se ha convertido en el siglo XXI en una potencia exportadora. Si sumamos a antiguas Repúblicas Soviéticas como Ucrania y Kazajistán, los tres estados acaparan el 20% de las exportaciones mundiales de trigo, además de tener una relevancia más que notable en la exportación de otros cereales como el maíz y la cebada. Los principales clientes del trigo ruso son Turquía, Libia, Siria, Egipto e Irán.

Estos estados del Magreb y Oriente Medio están inmersos en un crecimiento demográfico imparable y con una escasez hídrica crónica que les impide satisfacer la creciente demanda interna. Todo ello se convierte en una amenaza explosiva contra la estabilidad política. No hay que olvidar que las protestas que asolaron la región en 2011 estuvieron precedidas por una subida vertiginosa en el precio del pan y otros derivados del trigo. Estas protestas desembocaron en operaciones de cambio de régimen para llevar a la Hermandad Musulmana al poder en países como Siria, Libia o Egipto. En este enfrentamiento el trigo también jugó un papel significativo. Organizaciones criminales como el Estado Islámico capturaron las tierras más fértiles a orillas del Éufrates en Siria e Irak. El contrabando de trigo les reportó el 12% de los ingresos frente al 20% del petróleo. Una fuente de liquidez extraordinaria para sostener su entramado institucional.

En la actualidad la guerra ruso-ucraniana ha puesto de manifiesto la fragilidad del sistema alimentario mundial. Las aguas del Mar Negro se han convertido en centro de disputa en la distribución de los cereales. El ejército ruso bombardea con frecuencia las instalaciones portuarias de Odessa y Nikolayev con el objetivo de ahogar el comercio exterior y privar al estado ucraniano de valiosos ingresos. También según algunos expertos Rusia aprovecha el conflicto para concentrar mayor cuota de mercado con los cereales y debilitar política como económicamente a un rival considerable. Este conflicto repercute con mayor virulencia en los países de bajos ingresos. Por ello, en julio de 2022 con la mediación de Turquía y la ONU se alcanzó un acuerdo para la exportación del grano ucraniano a través de un corredor marítimo seguro. Aun así, el desarrollo del acuerdo ha estado desde el comienzo en medio de la controversia. Según denuncian las autoridades rusas, la mayoría del grano no ha ido destinado a países africanos, sino a China y a países de Europa como el Reino de España (siendo la receptora de casi 6 millones de toneladas), por lo que el acuerdo no ha servido para paliar la hambruna en los países más necesitados. Solo el 3% del grano ha ido a parar a países africanos. Además de ello, las sanciones occidentales repercuten también en la carestía de muchos productos al impedir a Rusia realizar transacciones bancarias a través del Sistema SWIFT o prohibir firmar contratos de aseguramiento para el transporte de los buques mercantes rusos. Por ello, la Federación Rusa ha puesto en la mesa demandas como reconectar el banco agrícola Rosseljozbank al Sistema SWIFT o desbloquear las cuentas de las empresas rusas dedicadas al transporte de alimentos y fertilizantes. Ante la negativa a eliminar estas restricciones, Rusia decidió no prorrogar el acuerdo a partir del 17 de julio de 2023.

A su vez, la Federación Rusa ha puesto en marcha su agenda propia en el marco de la distribución de los cereales. En la cumbre Rusia-África que se celebró los días 27 y 28 de julio, el presidente ruso Vladimir Putin se comprometió a enviar hasta 50.000 toneladas de grano de manera gratuita a Burkina Faso, Zimbabue, Mali, República Centroafricana y Eritrea. El país euroasiático ha tenido una cosecha record y aprovecha la abundancia de trigo para ganarse la lealtad política de países africanos. África se ha convertido en un creciente campo de batalla entre las grandes potencias y Rusia ha sabido utilizar la diplomacia del trigo entre otras bazas para generar simpatía política y sacudir la presencia en África de antiguas potencias coloniales como Francia y Gran Bretaña.

Aunque en comparación a los hidrocarburos, el trigo y los cereales ocupen un segundo lugar en la valoración de los acontecimientos geopolíticos, su importancia no es menor ya que condicionan la supervivencia de millones de seres humanos en el mundo. Por tanto, disponer de trigo y tener capacidad de proveer se vuelve crucial a la hora de determinar la fortaleza geopolítica de un estado.

Ander Aranburu Amenabarro

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