El agua: alimento, recurso, pilar humano… y manzana de discordia geopolítica

Mapa portugués de la India, 1630 Fuente: Jeronimo de Ataide, João Teixeira, Public domain, via Wikimedia Commons

El control sobre las aguas y sobre los recursos ligados a esta (ríos, estrechos, costas, incluso el agua misma como bien) ha sido una variable muy común en geopolítica. La geopolítica como perspectiva del siglo XX  se ha asociado tradicionalmente a los países anglosajones, bien por asunción propia (Mackinder, Spykman), o por analistas “rivales” polémicos cercanos a la “revolución conservadora” alemana (Carl Schmitt, Karl Haushofer), como también al eurasianismo.

Sin embargo, la importancia del control del agua y los océanos es bastante anterior al siglo XX y la conformación de un “eje anglosajón”. Basta con hacer una visita al museo de la Armada Portuguesa en Belem (Lisboa) para percatarse de ello. Los portugueses conformaron una escuela cartográfica bastante precisa que mostraba su dedicación al control de los mares, así como el propio escudo portugués con la esfera armilar, adoptado por Manuel I, es indicativo de dicho objetivo. Uno de sus súbditos, Francisco de Almeida, primer virrey portugués de India, fue quien en carta a Manuel I describió la importancia del control marítimo: “toda nuestra fuerza reside en el mar, desistamos de apropiarnos de la tierra (…) Si queremos sólo productos de la India, nuestro imperio marítimo asegurará el monopolio frente al turco y veneciano. Impongamos altos tributos, exageremos el precio de licencias para las naves moras, eso les expulsará. Que tengamos fortalezas a lo largo de la costa para nuestras factorías (…) Sustituiremos al turco y abandonemos la idea de conquista para que no padezcamos las molestias de Alejandro”. O en otra cita, que aparece los paneles del citado museo: “Si mantienes el dominio sobre el mar, la India será tuya. Si la pierdes, ninguna fortaleza terrestre, por poderosa que sea podrá garantizártela”.

La filosofía de “Imperio económico” de Almeida –que también recomendaba hechos vergonzosos como la “destrucción de gentes nuevas”, esto es, varios pueblos indígenas- se basaba en prescindir o relegar la importancia de la conquista terrestre al verdadero fin: el control de las rutas marítimas y del comercio. No tanto controlar la extracción o la producción de mercancías o materiales, pero sí por donde se da salida a dichas mercancías. La construcción de numerosas fortalezas y ciudades portuguesas en la costa India (y en África y en Brasil), una política que continuó el sucesor de Almeida, Afonso de Albuquerque, obedeció a dicha directriz.

Podemos acudir a la filosofía de Almeida para rastrear algunas razones de las actuales pugnas geopolíticas. Actualmente los siete estrechos principales. Aritz Saidi Olaortua describe bastante bien la importancia de los estrechos en el capítulo que escribió para el libro “Quiebras y pugnas del tablero político mundial”, publicado en 2022 por GeopolitikaZ . Los estrechos están, casualmente o no, ligados a pugnas mundiales. Basta con apreciar la conexión del estrecho de Bab el-Mandeb que conecta con el Canal de Suez y su por ende con el conflicto yemení (las bases circundantes al mismo hablan por sí mismas). También el estrecho de Ormuz entre Irán, Omán y Emirátos Árabes (por donde pasa el 20% del petróleo mundial) o la importancia del Estrecho de Malaka para el comercio chino (más del 70% del petróleo exportado por el gigante asiático y en torno al 60% del comercio total de ese país pasa por dicho estrecho). En ese sentido, la pugna entre China y EEUU en Centroamérica, donde el proyecto de la construcción de un nuevo canal en Nicaragua –que haría competencia directa al de Panamá- o también uno crucial en la guerra ruso-ucraniana: el casi único canal de comunicación que se mantiene abierto, sobre el que reside gran parte de la exportación de grano, el del Bósforo (que pregunten a los ganaderos o a los habitantes de África por la importancia del grano).

Advertía Rafael Poch que la mayor zona de conflicto en el mundo (antes del comienzo de la guerra de Ucrania) era el mar de China. Ya en noviembre de 2022 llamaba la atención de entradas periódicas de aviones estadounidenses en el estrecho de China, que eran respondidos con movimientos militares por parte de la República Popular (que, por supuesto, considera la isla de Taiwan y el estrecho como territorio soberano suyo). El crecimiento económico y político de China ha suscitado una política de “contención” (por emplear jerga estadounidense). En 2012 Obama comenzó una política de mover las fuerzas militares estadounidenses a Asia (Pivot to Asia) y Donald Trump, habiendo siendo recién elegido –cuya victoria electoral se basó, entre otras cosas, en la demanda de mayor proteccionismo frente a China- comunicó directamente, con la presidenta de Taiwan; Tsai Ing-wen (“República de China”, oficialmente); algo en que China vio más que un gesto. Un representante del Gobierno de Taipei acudió a la toma de posesión de Biden. Todo ello culminó con la visita de la presidenta del Congreso estadounidense, Nancy Pelosi, a la capital taiwanesa en verano de 2022. Por supuesto, estos gestos políticos tienen su traducción política: las maniobras militares navales de Estados Unidos en el Mar de China son cada vez más frecuentes (95 en 2020, diez más que en 2019).

Este incremento no sólo hay que verlo cuantitativamente: uno de los mayores ejercicios navales fuera de sus fronteras de la historia de EEUU –según algunos datos, el mayor desde 1981; según otros, el mayor sin matices-, “Large Scale Exercise 21”[1], se realizó con objeto a China. La nueva doctrina militar estadounidense (“National Defense Strategy”) habla, ya desde la primera página del prólogo, de la urgencia de fortalecer los medios de disuasión frente a la Reública Popular China. También menciona la debilidad tecnológica de sus tropas frente a las del Ejercito Popular precisamente en los teatros del “Mar de China Meridional” y “Mar de China Oriental” y a apoyar a los “aliados de la zona” para evitar que “China se haga con el control” de esos mares y el estrecho de Taiwan. Esta percepción de inferioridad no se corresponde en el otro lado: un informe de algunos analistas chinos de 2021 se hablaba de la percepción opuesta, que las salidas de “vigilancia” de los aviones de EEUU son cada vez más cercanas a las bases navales chinas, que los “récords de proximidad” en dichas salidas de los aviones estadounidenses se rompen constantemente. O bien estamos antes una precaución mutua, o bien el documento de 2022 de EEUU es parte de la preparación de un mayor despliegue en esa zona acuática. Es más, en un documento de febrero de 2022, titulado “Estrategia de Estados Unidos en el Indo-Pacífico”, elaborado por la Casa Blanca, se hablaba directamente de “proveer con mayores medios de defensa a Taiwan” –país no reconocido por EEUU- y “ayudar a nuestros aliados a disuadir cualquier agresión, también en el estrecho de Taiwan”. China no ha agredido a ningún Estado de la zona, ni se ha mostrado a ello, por tanto, esto debe leerse como una clara intención de ampliar su presencia en la zona y controlar dichos pasos marítimos, vitales para la República Popular.

Pero el agua no es sólo algo de tránsito para las grandes potencias, también un recurso. En la cumbre de Lisboa de 2010, la OTAN aprobó un nuevo documento en el cual cita por primera vez “la escasez de agua” como uno de los desafíos de dicha organización (y de los socios que la componen), repitiéndose desde entonces en todas los cumbres. Esa cumbre se hizo sólo dos años más tarde de la famosa cumbre de Bucarest, donde se habló de expandir la organización. La preocupación por el control del agua ha sido incorporada a las tareas previstas en el artículo 3 de la OTAN –disuasión y defensa- bajo el nombre de “`política resiliencia”, que se adoptó en 2022, formándose un “Comité de Resiliencia” dentro de la OTAN.

Quizá el agua -y el dominio sobre la misma- no sea el factor geopolítico más importante como pensaba Francisco de Almeida, pero las advertencias del colonialista portugués se sienten en las numerosas pugnas geopolíticas de hoy en día.

[1] El mayor ejercicio militar naval es el RIMPAC, que se organiza bianualmente en Hawai, por eso la matización fuera de sus fronteras. Debemos de añadir que el RIMPAC es un ejercicio internacional, con la participación de una veintena de Estados.

Jon Kortazar Billelabeitia

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